Una leyenda relata a una hermosa mujer que al estallar la guerra perdió a la persona que mas amaba,pues él debía partir con el resto de su pelotón para ayudar con esa batalla, la mujer pasaba la gran parte de su tiempo sentada en un viejo banco de madera situado en la punta de el puerto, con la vana esperanza de poder dislumbrarlo a la lejanía y verlo atracar de nuevo, aunque la gente del pueblo muchas veces la aconsejaba de no seguir esperando un regreso que jamas ocurriría, muchos la criticaban e incluso ponían el juicio de la joven, pero ella era decidida y recelosa ante la idea de terminar aceptando que aquel navío no pondría anclas de nuevo, aun luchando todos los días contra sus dudas, miedos e incluso comentarios externos ella caminaba hasta el gran puerto donde se sentaba mirando el horizonte, así fue pasando el tiempo y con el su juventud aun así ella sin duda alguna en su corazón siguió esperándolo, una mañana de las que las gotas del rocío por el frío de la noche bañan las calles, la joven camino hasta aquel banco de madera carcomido y desgastado por el tiempo con aquel vestido blanco que hubiera sido con el que hubiera contraído matrimonio de no ser por aquella guerra que aunque termino un par de años mas tarde de la partida de su amado nunca obtuvo respuesta de los superiores de este sobre el paradero de él o de su cuerpo, se sentó como había echo durante tanto tiempo y con los primeros rayos del sol en la lejanía del océano sus ojos fueron cerrándose para no volver a abrirlos.
Buscando el Oceáno de Amely
Este Blog es el primero que hago en solitario. . . Espero que os animeis en visitarme y leer las pequeñas obras que os ofrezco. Gracias y Bienvenidos!
sábado, 19 de septiembre de 2020
martes, 21 de octubre de 2014
Hojas de Otoño
Había una vez una niña a la que le decían sus padres que si hacía todos sus deberes la llevarían al parque, los días pasaban y la niña hacía todo lo posible para poder ver feliz a su padre, el cual parecía estar siempre de mal humor, la niña hacía su mayor esfuerzo en la escuela pero nada servía para que su padre sonriera. Los años pasaban como las hojas de otoño se desprenden y la joven decidió con mucho dolor dejar de intentar cosas para que su papa sonriera, comprendió que ella por mucho que lo intentase no lo lograría, jamas.
lunes, 11 de marzo de 2013
El amor prohibido ~~
En la noche, cuando el silencio envuelve la ciudad, empieza a nevar, la nieve en mis manos se derriten, tan pronto como hace contacto contra mi piel, mientras la nieve se tinta de color carmesí, se acumula silenciosamente como la luz. Con lo que me queda de vida empiezo a recordar aquel invierno en el que mientras recogías la nieve me preguntabas.
¡Hey! ¿Cómo suena la nieve?
Aun si te respondiera, tu ya no puedes oírme, se que te voy a encontrar, donde quieras que estés siempre me pregunto ¿Me dejaras atrás? ¿No íbamos a ser siempre uno? A medida que la nieve se hace más gruesa, solo deseo escuchar tu voz una vez más. Solo una vez más, solo una vez más. . . Di mi nombre~
Entre mis ojos casi apagados apareció una lagrima. En este mundo gris, todo se ha detenido menos la nieve que cae silenciosamente. Mi cuerpo se enfría cada vez más y aun así se que tu voz no regresara. Si es posible. . . llévame contigo lejos. Te amo aunque ya no pueda decirlo, nuestro tiempo está a punto de acabarse, para siempre incluso si grito no puedo hacer que tu o tu voz regresen.
Mi voz, mi cuerpo y mi vida borrarlos hasta que todo se vuelva blanco~
La joven despertó cubierta de una mala sensación, cogió su bata y bajo corriendo para encontrarse con su bello mayordomo y su amor en secreto, ella al verlo sonrio.
viernes, 4 de enero de 2013
El Asesinato de Erik Donovan
Hacía diez
años que no veía a mi tío Marcus Cross, por cosas del destino me encontraba de
camino hacia París donde en la actualidad vivía. Sabía quién era, por las pocas
noticias que leía, leí que trabajaba ayudando a la policía en casos. Toda la
familia lo consideraba todo un genio, y siempre me comparaban con él. Y como
todo buen genio quien los terminaba resolviendo era él. Cuando baje del tren,
me dirigí hacia la salida, esperando poder ver a mi tío con el coche, pero al
salir vi a su compañero, me acerque pensando en la poca posibilidad de que me
reconociera, ya que en diez años me había dado tiempo de terminar de
desarrollarme. Estuve mirando hasta que me pare delante suya, me miro de abajo
a arriba, yo iba con un pantalón vaquero, una camisa que ponía kiss me y unas
botas que llevaban un par de cadenas.
-¿Sra.
Lizzy? –Pregunto algo dudoso.
-Si soy yo,
cuánto tiempo.
-Te
acompañare hasta nuestras oficinas allí estará Marcus.
-De acuerdo.
Tardamos
bastante en llegar, pero nos costó mucho más encontrar aparcamiento, pero
acabamos encontrando. Cuando entramos, me enseño su oficina pero antes de que
se marchase a traer un par de cafés con leche, en su mesa había un lápiz, en
vez de ponerlo en su sitio se preocupo más en volverlo a colocar todo de
nuevo. No sé porque pero de repente me
di cuenta.
-Obsesivo
compulsivo. –Dije concluyendo.
-Buena
observación ¿Cómo te has dado cuenta? –Me dijo una voz detrás de mí.
-Bueno a
sido bastante fácil si no fuese un obsesivo compulsivo hubiese colocado el
lápiz en el portalápices sin embargo volvió a colocarlo todo varias veces. –Le
dije sin darme la vuelta.
Cuando me
gire y lo vi me quede absorta en sus ojos azules como el océano. Él me sonrío
de una forma muy pervertida haciendo que me pusiese colorada y que bajase por
un instante la guardia, así que aprovechando la oportunidad se inclino y me dio
un dulce beso en la mejilla, en cuanto me lo dio salió hacia un despacho
cercano al del compañero de mi tío. Después de eso me quede pensativa sobre lo
que había pasado y lo que había podido tener que ver mi camisa. Al rato escuche
una voz que susurraba cerca de mi oreja.
-Que buena
primera impresión. –Me dijo aquel policía.
-¿Qué?
-Es raro que
le caiga bien alguien a Marcus.
-Ya bueno,
supongo que el ser su sobrina influye.
-¿So…sobrina?
-Así es.
–Dije intentando concluir la conversación.
Me dirigí
hacia donde se había metido aquel hombre, y cuando estuve enfrente de la puerta
leí que ponía Marcus Cross. Toque pero como no me contesto, decidí entrar con
las consecuencias que me otorgaría. Sin embargo cuando entre lo vi tan
concentrado mirando algunas fotos y pistas sobre el caso. Nunca había visto a
alguien concentrándose de aquella manera, aparte de mi claro.
-¿Te puedo
ayudar?
-No.
-Oh vamos
dame una oportunidad. –Le dije con pena.
-De acuerdo,
mira estas fotos y las pistas ahora dime tu conclusión si es igual que la mía
dejare que me ayudes en el próximo caso.
-Muy bien.
Estuve toda
la tarde y entrada la noche mirando y revisando las pruebas, fotos todo lo que
tenia. A la mañana siguiente cuando me iba a dar por vencida lo vi el único
defecto de la Gioconda de Leonardo Da Vinci. Hace un par de meses leí que
habían encontrado una Gioconda parecida a la de la de Leonardo Da Vinci, había
muchas cosas distintas una tenia cejas, un aro en la cabeza, parecía más
natural que la original e incluso el paisaje de atrás de ella era totalmente
diferente, pero había algo en la obra falsa algo que estaba en el reverso de la
verdadera. De repente pegue un salto de la sorpresa que me dio el compañero de
mi tío Marcus.
-Buenos
días. –Me dijo.
-¿Ya… ya es
de día?
-Si toma un
café con leche y un par de donuts de fresa.
-Gracias por
el café, ¿Dónde está mi tío Marcus?
-Se ha ido
hace poco a recoger un par de cosas para ti. ¿Ya lo has descubierto?
-En efecto.
Me dirigí
hacia los baños del departamento de policía y me pegue una ducha y cuando salí
vi una bolsa de H&M, me vestí, todos se me quedaron mirando, yo sabía que
la ropa no era de mi personalidad, pero tampoco quería parecer una delincuente.
Cuando volví a entrar en la oficina de mi tío, le vi ahí parado mirando las
fotos de la Gioconda.
-¿Lo has
deducido? –Preguntándome con una voz algo victoriosa.
-Si. –Le
dije algo decidida y dudosa.
-Muy bien dime
tu deducción.
-Es evidente
de que las dos obras son totalmente diferentes, pero hay una cosa en la
verdadera que la falsa no tiene, simplemente es evidente, claro para quien
tiene los ojos desarrollados como yo o tu. La diferencia es… que en la obra falsa
hay una firma parecida a la de Leonardo Da Vinci, pero ni se asoma a la
verdadera, simplemente una miserable copia, cualquiera la podría haber
confundido con una obra de algún aprendiz del mismo autor que la de verdad.
¿Qué tal lo he hecho?
-Hmp… lo has
hecho bastante bien. –Me dijo algo orgulloso aunque su voz no lo sonora.
-¡Genial!
–Grite.
-¿Cuál es
nuestro próximo caso?
-Asesinato.
Me dirigí
hacia el auto que nos llevaría a la casa de la víctima Erik Donovan, un joven
que debía dinero a varias mafias, a las cuales pertenecía, y digo pertenecía
porque estaba a punto de casarse con una joven Carla Garcia, de camino a la
casa mi tío me dio el archivo del caso, empecé a leérmelo, por mi mente pasaban
un montón de preguntas ¿Quién querría matar a un joven que hacía más de dos
años que había dejado la mafia? ¿Por qué lo harían alguna cuenta pendiente? ¿Su
prometida sabía lo que su prometido había sido? Pero todas esas preguntas no
pudieron ser respondidas antes de que pudiéramos llegar. La casa era preciosa,
espaciosa, iluminada y con un toque acogedor, pero cuando entramos mi cuerpo no
se sentía igual que los demás, me encontraba incomoda, como decirlo cuando
entras en un sitio sin haber estado allí jamás, pero en cuanto entras deseas
salir, ese tipo de sensación.
-Sra. Carla
Garcia ¿verdad?
-Si, ¿Quién
es usted?
-Soy Lizzy
Cross sobrina del famoso Marcus Cross.
-Encantada,
pasen. –Dijo algo tranquila.
-Disculpe mi
osadía, ¿Pero sabía sobre el pasado de su prometido Erik Donovan?
-Claro, o
dios como no lo podría saber me iba a casar con él.
-No se iva a casar?
-En unos meses.
-En unos meses.
-Muchas
gracias Sra. Carla Garcia.
Salimos de
la casa y note como mi tío me iba a poner verde o eso creía hasta que me
pregunto que qué era lo que había descubierto a lo que yo respondí de que ella
mentía no se iban a casar, porque no llevaba el anillo de prometida y sobre
todo se notaba que realmente no estaba preocupada por lo que le podía haber
pasado a aquel muchacho, simplemente ella sabía cuánto dinero ganaría con el
seguro de vida de Erik Donovan en caso de que le pasase algo ella sabía
perfectamente que el dinero llegaría a la persona más intima para él, es decir,
ella. Mi tío me felicito, pero me contesto que porque pensaba que había sido
ella la que lo había matado, a lo que yo le conteste que nunca había dicho que
ella lo hiciese, simplemente contrato a alguien.
-¿Contratar
a alguien? –Dijo el compañero de Marcus
-Exacto, mi
tío y yo vimos el número que había debajo del teléfono, pero tú no pudiste,
pasaba inadvertido para los demás.
-Veo que te
fijas muy bien.
-Gracias.
Dije sonriendo.
Cuando
llegamos a casa ya era de noche y como hobbie o mejor dicho obsesión ponía las
noticias. De repente salieron en la pantalla de la televisión la palabra
NOTICIÓN, entonces la presentadora conto…
-Hoy a las 17:30, fue detenida Carla García
con su supuesto cómplice por el asesinato del joven de veinte tres años Erik
Donovan, al que la policía llevaba plena confianza, ya que había salido de
varias bandas y se estaba reformando. Eso es todo después noticias deportivas a
las 20:00 con Pablo Neruda.
Apague la
tele y me fui a dormir. Pasaban los días y resolvíamos muchos más casos sobre
asesinatos, desapariciones. Pero el caso que yo quería, en cierta manera yo
sabía que jamás llegaría hasta ese veintí y ocho de marzo, el día de mi
cumpleaños, hacia doce que mi madre fue asesinada, y diez que me obsesione por
coger al asesino. Muy poca gente sabia mi obsesión por cazarlo y entregarlo a
la policía, pero ese preciso día me levante más temprano que de lo normal, hice
un súper desayuno, huevos, beicon, una taza de té caliente y café. Mi tío se
levanto y se me quedo mirando como si estuviera loca, pero yo no le hice mucho
caso ya que siempre se despertaba de mal humor.
-Por cierto,
gracias por felicitarme.
-¿Felicitarte
por qué?
-Hmp… por
nada.
En todo el
camino a la oficina no le dirigí la palabra y al llegar todos se asustaron al
vernos y a verme a mí. Ninguno se atrevió a dirigirme la palabra hasta que mi
tío se fue hacia su despacho.
-Buenos
dí…as.
-Hola, lo
siento chicos.
-No pasa
nada.
-Feliz
cumpleaños Lizzy.
-Gracias.
De repente
el compañero de mi tío me dio una copia de un caso de asesinato, en cuanto lo
abrí y vi las fotos de los cuerpos, se me callo y salí corriendo de allí, el
compañero de mi tío me siguió, corrí hasta un pequeño parque, en el cual de
senté en unos de los columpios y me eche a llorar, poco después note como se
sentaba enfrente mía y me acariciaba el cabello.
-¿Qué te
pasa?
-No es nada.
-Eso no es
verdad y tú lo sabes Lizzy
-Te lo ha
contado verdad.
-Si, y lo
siento mucho, pero no entiendo este comportamiento.
-Las
víctimas, los cuerpos, esa técnica esa es su firma.
-¿Estás
segura? Esta vez lo cogeremos si realmente es él.
Me estuvo
abrazando hasta que nos encontró mi tío, entonces él se aparto y mi tío me dio
un caluroso abrazo, entonces me di cuenta esa devoción e incluso ese recelo que
tuve por me comparaban con él de pequeña no era eso sino…
-Thump
Thump. – ¿Era amor?
-Lo siento.
–Dije intentando sonreír.
-Tranquila,
volvamos.
Volvimos a
la oficina y nos encontramos una fiesta de cumpleaños y una pancarta que ponía…
FELIZ CUMPLEAÑOS LIZZY. Entonces vi como mi tío se puso rojo, me acerque viendo
que tenía la guardia baja y le di un beso en una de sus mejillas coloradas, él
se sorprendió. Después de la fiesta, tuvimos un aviso y nos dirigimos mi tío y
yo allí, pero cuando llegamos allí no había nadie, mire al alrededor, pensando
que se me pasaba algo, y así era mis ojos se posaron en un hombre que tenía un
rifle que estaba apuntando hacia mi tío Marcus. Con todo el ruido de los coches
no podía oír bien lo que me decía mi tío. Lo que paso después fue muy rápido,
apenas llego a recordar lo que paso, solo recuerdo un gran dolor en mi estomago
y los ojos azules de mi tío en lo que brotaban lágrimas, que caían y chocaban
contra mis mejillas.
-¿Dónde
estoy? –Pregunte desconcertada.
-¡Lizzy!
–Dijo sorprendido mi tío al ver que tenía los ojos abiertos.
-Estas en el
hospital aquel hombre de la azotea te disparo en el estomago. En cuanto te
recuperes lo podrás interrogar tu misma si quieres.
-Eso sería
genial.
En poco más
de una semana me recupere con un cien por cien, hasta el médico se asombro.
Cuando volvimos a la oficina todos me estaban esperando para abrazarme y
alegrarse de que no me hubiera pasado nada. Entre directa sin pararme a la sala
de interrogatorios donde aquel hombre estaba sentado esperándome.
-¿Sorprendido?
-¿Has
sobrevivido?
-Así es,
espero que no se piense que se librara de mí tan fácilmente
-Él
solamente me contrato.
-No me
importa, quien lo hiciera, sabes quiero que le des un mensaje de mi parte
¿Serás capaz de entregárselo? Dile que iba hacer daño a alguien a quien amo, y
dile que no parare hasta que lo encuentre y lo lleve hasta la leí.
Salí de la
sala y me encontré con mis compañeros a los cuales les dije que le pusiesen un
chip, que lo dejasen libre y que lo rastreasen, y así lo hicieron, el hombre
salió en busca del jefe y nosotros lo teníamos controlado.
-Jefe, la
chica sigue viva y me ha dicho que le dijera… -No le dio más tiempo cuando
llegamos y entonces le vi a él al que asesino despiadadamente a mi madre.
Mi tío y
aquel hombre empezaron a pelearse y yo cogí el arma de mi tío, apuntándolo y
apunto de disparar.
-Lizzy venga
mátame se que lo deseas.
-¿De verdad me
conoces tanto, como para saberlo?
-Claro, no
te he perdido la pista.
-Lo siento
pero, no soy igual que tú, no soy un miserable.
Lo
detuvieron pero a la semana escapo y no lo volvimos a ver, yo sabía en el fondo
que nos encontraríamos de nuevo, aparte de eso, le confesé lo que sentía a mi
tío y descubrí que el también sentía lo mismo. Después de todo venir a vivir a
París no ha sido un error.
Rosa Azul
Las flores del cerezo ya han caído al igual que mi aliento
con tal de salvar este pequeño recuerdo del cual solo han de brotar dolor y
espinas.
Cuando desperté me encontraba en una habitación oscura y
fría, intente soltarme las manos pero me di cuenta que estaba atada de pies y
manos, no podía deshacerme de las cuerdas cuando, al rato oí como alguien se
disponía a cercarse hacia la habitación, la puerta se abrió y un hombre de ojos
negros y de cabello rubio se estaba acercando cada vez más a mí y yo me
encontraba cada vez más asustada.
-Al fin despiertas. –Me dijo aquel hombre con una voz entre
divertida y seria.
-¿Dónde estoy? –Le pregunte con cierto temor.
-No hace falta que lo sepas eres muy curiosa para ser una
mujer. –Me dijo con voz arrogante.
-No lo sabes bien. –Le dije con voz algo más segura.
-Bueno puedes estar tranquila ya te queda poco. –Contesto con
una voz y un rostro diabólico.
Tanto los días como las noches pasaban, por las mañanas
ayudaba a las criadas con las tareas de la mansión y por la noche aquel hombre
me hacia cosas despreciables, los días iban pasando y yo cada vez estaba más
cerca de conseguir mi propósito, matarlo y escapar de aquí. Mi última noche se
iba acercando y me daba cuenta de que no podría estar preparada para aquella
escena, él pensaba que yo solo era una rata, pero lo que esperaba era que antes
de que él me comprara yo ya sabía arreglármelas. Una tarde cuando llegue a mi
celda encontré una caja y al lado una nota, me acerque y la leí. (Sería mejor que esta noche en especial
lucieras bien, me gustaría que usases este bonito traje, nos encontraremos esta
noche en el jardín de rosas azules). Abrí el paquete y vi un bonito traje
blanco, unos zapatos del mismo color que aquel vestido, me dirigí hacia las
duchas de los sirvientes, me duche y cepille mi cabello azulado, me puse aquel
vestido y aquellos bonitos zapatos, de repente aparecieron unas sirvientas con
un par de potingues, me dieron una pequeña sombra en los ojos y un toque rojizo
en los labios, cuándo terminaron se fueron y un gran suspiro salió de mi boca sabía
que había llegado la hora, me dirigí hacia la cocina y allí cogí un cuchillo
que lo guarde en mi liga, me dirigí hacia el gran patio de rosas azules, cuándo
llegue él estaba allí esperándome con una copa de vino en la mano, y una
sonrisa dulce, en ese momento me quede en shock nunca lo había visto así de
amable con nadie, pero pronto volví a recordar todas las cosas que me hacia
durante la noche.
-Estas preciosa, sabía que esa seria de tu talla. –Me dijo
entregándome la copa de vino.
-Gracias. –Le dije con una sonrisa de niña inocente.
-Por cierto aun no se vuestro nombre. –Le pregunte.
-Soy Marcus. –Contesto sonriendo.
-Por cierto yo tampoco se vuestro nombre bella dama. –Me dijo
con voz seductora.
-Milord mi nombre es Amely. –Le dije con gran diferencia.
-¿Cenamos? –Me dijo con una sonrisa diferente.
-Claro. –Conteste seriamente.
Comimos durante diez o quince minutos, estuvimos hablando y
paseando por el jardín de rosas azules, cuando me di cuenta él corto una rosa y
me la puso en el cabello, mientras me miraba con dulzura, pero yo sabía que
solo era una tapadera, porque jamás sería así conmigo, él me tenía como su
sirvientas y en las noches como su amante, sé perfectamente que si me hubiera
querido hacer cualquier cosa la hubiera hecho a la fuerza así que no entendía
por qué ahora tanta amabilidad, ¿Qué era
lo que estaba tramando? ¿Yo sabía en el fondo que lo más probable era que me
pillasen y me asesinasen pero si no lo mataba esta noche cuando lo haría?
Yo solo sabía que era su vida o la mía, y tenía claro lo tenía que hacer.
-¿Por qué no lo haces ya? –Me dijo sonriendo.
-¿Hacer el que? –Le dije intentando disimular.
-¿Por qué no me matas ya? –Me dijo mirándome a los ojos.
-Estaba esperando, a que estuvieras distraído pero bueno ya
que lo decís. –Le dije.
-Os prometo que no llamare a los guardias. –Me dijo con una
arrogancia particular.
-Y yo os prometo que lo haré rápidamente. –Le dije con
arrogancia.
Justo cuando tenía mí cuchillo en su garganta, note que
había alguien detrás de mí, cuando me di la vuelta recibí un golpe en la
cabeza. Después de eso no llego a recordad nada, al rato me desperté gracias a
que la luna llena filtraba un rayo de luz. Gire mí cabeza y vi como se iban
acercándose hacia mí, con capuchas y velas, yo no podía encontrar nada con lo
que poder escapar de allí. A lo lejos empecé a ver una pequeña lucecita roja la
cual cuanto más se acercaba más claro veía que era para marcarme. Con el dolor
que estaba sintiendo, no pude aguantar mucho más y me desmaye al despertar,
estaba en otro sitio en el fondo estaba muerta de miedo, pero no podía dejar
que ellos me vieran en ese estado, así eran las cosas no podía dejar que ellos
me vieran si en el caso de que me vieran así, les estaría demostrando que era
débil y en el fondo yo sabía que lo era. Al rato empecé a sentir frío demasiado
frío, al abrir los ojos me encontraba en medio de un gran bosque oscuro en el
cual todos los arboles que observaba estaban sin hojas y muertos, cuando alce
la mirada hacía uno de los arboles me di cuenta de que habían cuervo negro, me
chocó porque tenía los ojos de un color rojo, tan intenso como jamás los había
visto, de repente el cuervo negro salió
volando y en cuanto echó a volar empezaron a caer plumas negras, todo se volvió
negro de repente y entonces le vi un hombre alto con el cabello negro largo y esos
ojos rojos, cuanto más se iba acercando yo cada vez me movía más con tal de
poder salir corriendo de aquella pesadilla.
-¿Quién eres? -Le pregunte seriamente.
-Un demonio. -Me dijo con una voz sarcástica.
-¿Qué quieres? -Le dije.
-¿Quiero lo mismo que tú? -Me dijo con una sonrisa demasiado
diabólica.
-Venganza. -Le dije.
-Está bien, os contare las condiciones, en cuanto el trabajo
haya sido realizado me daréis vuestra alma para ser devorada y enviada al mismísimo
infierno. -Me dijo.
-Está bien. -Le dije.
De repente me encontré enfrente de él y empecé a sentir un
dolor en el cuello, cuando el dolor disminuyó, me cogió de la cintura y
entonces nuestros labios se encontraron, empezó siendo un beso tonto, pero poco
a poco nuestras lenguas se iban rozando. Nuestros labios se apartaron y cuando
abrí los ojos encontré a toda la sala con cuerpos desgarrados. Pensé que todo
aquello fue tan solo una pesadilla, así que saque de los calabozos a los demás
prisioneros que tenia Marcus allí. Después encontramos una salida donde veíamos
un bosque lleno de flores y arboles en flor. A medio camino me sentía fatigada
así que me senté y cuando me di la vuelta le vi ahí parado sonriéndome.
Seis meses más tarde. . .
-Reo, ha pasado tiempo desde que la reina nos aviso. –Le
dije pensativa.
-Yes, my
lady. –Me dijo.
Pasaban los días y no recibía ninguna carta de la reina, os
preguntareis que trato puede tener una noble con la reina, pues precisamente la
única persona que sabía el secreto de Reo era la reina y yo. Como la reina
sabia de las habilidades de Reo decidió sin mi consentimiento hacerme su perro
fiel, ella nos enviaba cartas donde nos mandaban con ellas los distintos casos,
los cuales los resolvíamos con bastante facilidad. Reo entro en la habitación
dejando encima de mi mesa un delicioso té negro con algún que otro pastel de
fresas.
-¿Reo quiero que vengas después a mi habitación entendido?
–Le dije con tono serio.
-Yes, my lady. –Me dijo sonriendo.
Al rato escuche como la puerta de mi aposento se abría y aparecía
Reo con su habitual traje de mayordomo.
-Amely podría saber porque me ha hecho venir hasta sus
aposentos. –Me dijo.
-Acuéstate en la cama conmigo. –Le dije.
-¿Es una orden? –Me dijo sonriendo sarcásticamente.
-No, es una rabieta. –Le dije sonriendo.
Se acostó a mi lado y entonces note como me empezaba a lamer
el cuello y de repente note como me mordía suavemente la oreja, su mano me iba
acariciando suavemente por todos lados y yo no podía hacer nada, ya que me
sentía excitada a causa del té que me había servido anteriormente. Cuando
terminamos quede rendida y dormí toda la tarde. Cuando desperté me vestí e
intente durante un mes entero no encontrarme con Reo en ninguna circunstancia.
A los pocos días la reina me mando una carta dándome un caso poco peculiar un
asesino el cual de humano no tenia precisamente nada, se encargaba de matar o
mejor dicho dejar sin energía a los demonios y la reina temía por la vida de
aquellos que protege, así que nos dirigimos hacia Londres donde supuestamente
estaba aquel asesino de demonios. Cuando llegamos estuvimos viendo los puestos,
la verdad fue bastante molestó ya que las mozas del mercado se le quedaban
mirando a Reo, admito que me sentí molesta e incluso celosa. En cuanto tuvimos
las suficientes pistas pudimos encontrar el paradero de aquel asesino. Así que
le pedí a Reo que hiciese de víctima o mejor dicho de cebo. Durante la tarde no
pasó nada, supuse que la fiesta empezaría por la noche y no falle. De repente
una niña se puso en frente de nosotros y saco unos colmillos, unas alas y cola.
Estuvieron peleando durante varió rato, pero cuando el demonio vio en mi cuello
el sello de Reo se dirigió a mí y justo se entrometió Reo, con su descuido
aquel demonio le robo la fuerza vital, dejándolo tirado en el suelo. Me acerque
a él corriendo y las lágrimas brotaban de mis ojos, así que recordé que cuando
hicimos el trato él me dio un beso nunca me explico por qué, pero en ese momento.
. .
-Te acuerdas cuando nos conocimos Amely? –Me pregunto.
-Sí, no hables te recuperaras. –Le dije
-Devuelveme aquel beso. –Me dijo.
-Idiota pero que dices?!
Me acerque y le di un beso tal cual me lo dio él. Al momento
se levanto y volvió a la carga yo me quede impactada, ¿Cómo pudo volver a coger
energía? Entonces caí cada vez que me hacia algo pervertido era solo
para coger energía. En un momento me di cuenta de que alguien estaba
controlándolo desde una azotea de uno de los edificios así que me dispuse y subí,
cuando llegue vi a un hombre alto de pelo negro, ojos azules y que tenía una
rosa azul.
-¿No te dije que volvería a por ti? –Me dijo
-¡Tú. . . no puedes ser él! –Le dije
- ¿Segura?
Empezamos a pelear, él estaba justo en el filo y se resbalo
yo fui hasta allí e intente ayudarlo.
-¡Dame la mano!
-Veo que aun recuerdas como te tomaba. –Dijo sonriendo.
Por suerte logre subirlo, en cuanto se puso de pie me lanzó,
mientras que estaba cayendo estuve pensando en que había sido una completa
ilusa al pensar que un hombre como él podía haber cambiado, ¿Fue que yo pensaba
que él había cambiado o tan solo me llegue a ver reflejada en él? Supongo que
era eso lo que mi destino quería que volviese con mis padres.
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