lunes, 11 de marzo de 2013

El amor prohibido ~~

En la noche, cuando el silencio envuelve la ciudad, empieza a nevar, la nieve en mis manos se derriten, tan pronto como hace contacto contra mi piel, mientras la nieve se tinta de color carmesí, se acumula silenciosamente como la luz. Con lo que me queda de vida empiezo a recordar aquel invierno en el que mientras recogías la nieve me preguntabas.

¡Hey! ¿Cómo suena la nieve?

Aun si te respondiera, tu ya no puedes oírme, se que te voy a encontrar, donde quieras que estés  siempre me pregunto ¿Me dejaras atrás? ¿No íbamos a ser siempre uno? A medida que la nieve se hace más gruesa, solo deseo escuchar tu voz una vez más. Solo una vez más, solo una vez más. . . Di mi nombre~
Entre mis ojos casi apagados apareció una lagrima. En este mundo gris, todo se ha detenido menos la nieve que cae silenciosamente. Mi cuerpo se enfría cada vez más y aun así se que tu voz no regresara. Si es posible. . . llévame contigo lejos. Te amo aunque ya no pueda decirlo, nuestro tiempo está a punto de acabarse, para siempre incluso si grito no puedo hacer que tu o tu voz regresen.

Mi voz, mi cuerpo y mi vida borrarlos hasta que todo se vuelva blanco~

La joven despertó cubierta de una mala sensación, cogió su bata y bajo corriendo para encontrarse con su bello mayordomo y su amor en secreto, ella al verlo sonrio.

viernes, 4 de enero de 2013

El Asesinato de Erik Donovan





Hacía diez años que no veía a mi tío Marcus Cross, por cosas del destino me encontraba de camino hacia París donde en la actualidad vivía. Sabía quién era, por las pocas noticias que leía, leí que trabajaba ayudando a la policía en casos. Toda la familia lo consideraba todo un genio, y siempre me comparaban con él. Y como todo buen genio quien los terminaba resolviendo era él. Cuando baje del tren, me dirigí hacia la salida, esperando poder ver a mi tío con el coche, pero al salir vi a su compañero, me acerque pensando en la poca posibilidad de que me reconociera, ya que en diez años me había dado tiempo de terminar de desarrollarme. Estuve mirando hasta que me pare delante suya, me miro de abajo a arriba, yo iba con un pantalón vaquero, una camisa que ponía kiss me y unas botas que llevaban un par de cadenas.

-¿Sra. Lizzy? –Pregunto algo dudoso.

-Si soy yo, cuánto tiempo.

-Te acompañare hasta nuestras oficinas allí estará Marcus.

-De acuerdo.

Tardamos bastante en llegar, pero nos costó mucho más encontrar aparcamiento, pero acabamos encontrando. Cuando entramos, me enseño su oficina pero antes de que se marchase a traer un par de cafés con leche, en su mesa había un lápiz, en vez de ponerlo en su sitio se preocupo más en volverlo a colocar todo de nuevo.  No sé porque pero de repente me di cuenta.

-Obsesivo compulsivo. –Dije concluyendo.

-Buena observación ¿Cómo te has dado cuenta? –Me dijo una voz detrás de mí.

-Bueno a sido bastante fácil si no fuese un obsesivo compulsivo hubiese colocado el lápiz en el portalápices sin embargo volvió a colocarlo todo varias veces. –Le dije sin darme la vuelta.

Cuando me gire y lo vi me quede absorta en sus ojos azules como el océano. Él me sonrío de una forma muy pervertida haciendo que me pusiese colorada y que bajase por un instante la guardia, así que aprovechando la oportunidad se inclino y me dio un dulce beso en la mejilla, en cuanto me lo dio salió hacia un despacho cercano al del compañero de mi tío. Después de eso me quede pensativa sobre lo que había pasado y lo que había podido tener que ver mi camisa. Al rato escuche una voz que susurraba cerca de mi oreja.

-Que buena primera impresión. –Me dijo aquel policía.

-¿Qué?
-Es raro que le caiga bien alguien a Marcus.

-Ya bueno, supongo que el ser su sobrina influye.

-¿So…sobrina?

-Así es. –Dije intentando concluir la conversación.

Me dirigí hacia donde se había metido aquel hombre, y cuando estuve enfrente de la puerta leí que ponía Marcus Cross. Toque pero como no me contesto, decidí entrar con las consecuencias que me otorgaría. Sin embargo cuando entre lo vi tan concentrado mirando algunas fotos y pistas sobre el caso. Nunca había visto a alguien concentrándose de aquella manera, aparte de mi claro.

-¿Te puedo ayudar?

-No.

-Oh vamos dame una oportunidad. –Le dije con pena.

-De acuerdo, mira estas fotos y las pistas ahora dime tu conclusión si es igual que la mía dejare que me ayudes en el próximo caso.

-Muy bien.

Estuve toda la tarde y entrada la noche mirando y revisando las pruebas, fotos todo lo que tenia. A la mañana siguiente cuando me iba a dar por vencida lo vi el único defecto de la Gioconda de Leonardo Da Vinci. Hace un par de meses leí que habían encontrado una Gioconda parecida a la de la de Leonardo Da Vinci, había muchas cosas distintas una tenia cejas, un aro en la cabeza, parecía más natural que la original e incluso el paisaje de atrás de ella era totalmente diferente, pero había algo en la obra falsa algo que estaba en el reverso de la verdadera. De repente pegue un salto de la sorpresa que me dio el compañero de mi tío Marcus.

-Buenos días. –Me dijo.

-¿Ya… ya es de día?

-Si toma un café con leche y un par de donuts de fresa.

-Gracias por el café, ¿Dónde está mi tío Marcus?

-Se ha ido hace poco a recoger un par de cosas para ti. ¿Ya lo has descubierto?

-En efecto.

Me dirigí hacia los baños del departamento de policía y me pegue una ducha y cuando salí vi una bolsa de H&M, me vestí, todos se me quedaron mirando, yo sabía que la ropa no era de mi personalidad, pero tampoco quería parecer una delincuente. Cuando volví a entrar en la oficina de mi tío, le vi ahí parado mirando las fotos de la Gioconda.

-¿Lo has deducido? –Preguntándome con una voz algo victoriosa.

-Si. –Le dije algo decidida y dudosa.

-Muy bien dime tu deducción.

-Es evidente de que las dos obras son totalmente diferentes, pero hay una cosa en la verdadera que la falsa no tiene, simplemente es evidente, claro para quien tiene los ojos desarrollados como yo o tu. La diferencia es… que en la obra falsa hay una firma parecida a la de Leonardo Da Vinci, pero ni se asoma a la verdadera, simplemente una miserable copia, cualquiera la podría haber confundido con una obra de algún aprendiz del mismo autor que la de verdad. ¿Qué tal lo he hecho?

-Hmp… lo has hecho bastante bien. –Me dijo algo orgulloso aunque su voz no lo sonora.

-¡Genial! –Grite.

-¿Cuál es nuestro próximo caso?

-Asesinato.

Me dirigí hacia el auto que nos llevaría a la casa de la víctima Erik Donovan, un joven que debía dinero a varias mafias, a las cuales pertenecía, y digo pertenecía porque estaba a punto de casarse con una joven Carla Garcia, de camino a la casa mi tío me dio el archivo del caso, empecé a leérmelo, por mi mente pasaban un montón de preguntas ¿Quién querría matar a un joven que hacía más de dos años que había dejado la mafia? ¿Por qué lo harían alguna cuenta pendiente? ¿Su prometida sabía lo que su prometido había sido? Pero todas esas preguntas no pudieron ser respondidas antes de que pudiéramos llegar. La casa era preciosa, espaciosa, iluminada y con un toque acogedor, pero cuando entramos mi cuerpo no se sentía igual que los demás, me encontraba incomoda, como decirlo cuando entras en un sitio sin haber estado allí jamás, pero en cuanto entras deseas salir, ese tipo de sensación.

-Sra. Carla Garcia ¿verdad?

-Si, ¿Quién es usted?
-Soy Lizzy Cross sobrina del famoso Marcus Cross.

-Encantada, pasen. –Dijo algo tranquila.

-Disculpe mi osadía, ¿Pero sabía sobre el pasado de su prometido Erik Donovan?

-Claro, o dios como no lo podría saber me iba a casar con él.
-No se iva a casar?

-En unos meses.

-Muchas gracias Sra. Carla Garcia.

Salimos de la casa y note como mi tío me iba a poner verde o eso creía hasta que me pregunto que qué era lo que había descubierto a lo que yo respondí de que ella mentía no se iban a casar, porque no llevaba el anillo de prometida y sobre todo se notaba que realmente no estaba preocupada por lo que le podía haber pasado a aquel muchacho, simplemente ella sabía cuánto dinero ganaría con el seguro de vida de Erik Donovan en caso de que le pasase algo ella sabía perfectamente que el dinero llegaría a la persona más intima para él, es decir, ella. Mi tío me felicito, pero me contesto que porque pensaba que había sido ella la que lo había matado, a lo que yo le conteste que nunca había dicho que ella lo hiciese, simplemente contrato a alguien.

-¿Contratar a alguien? –Dijo el compañero de Marcus

-Exacto, mi tío y yo vimos el número que había debajo del teléfono, pero tú no pudiste, pasaba inadvertido para los demás.

-Veo que te fijas muy bien.

-Gracias. Dije sonriendo.

Cuando llegamos a casa ya era de noche y como hobbie o mejor dicho obsesión ponía las noticias. De repente salieron en la pantalla de la televisión la palabra NOTICIÓN, entonces la presentadora conto…
-Hoy a las 17:30, fue detenida Carla García con su supuesto cómplice por el asesinato del joven de veinte tres años Erik Donovan, al que la policía llevaba plena confianza, ya que había salido de varias bandas y se estaba reformando. Eso es todo después noticias deportivas a las 20:00 con Pablo Neruda.
Apague la tele y me fui a dormir. Pasaban los días y resolvíamos muchos más casos sobre asesinatos, desapariciones. Pero el caso que yo quería, en cierta manera yo sabía que jamás llegaría hasta ese veintí y ocho de marzo, el día de mi cumpleaños, hacia doce que mi madre fue asesinada, y diez que me obsesione por coger al asesino. Muy poca gente sabia mi obsesión por cazarlo y entregarlo a la policía, pero ese preciso día me levante más temprano que de lo normal, hice un súper desayuno, huevos, beicon, una taza de té caliente y café. Mi tío se levanto y se me quedo mirando como si estuviera loca, pero yo no le hice mucho caso ya que siempre se despertaba de mal humor.

-Por cierto, gracias por felicitarme.

-¿Felicitarte por qué?

-Hmp… por nada.

En todo el camino a la oficina no le dirigí la palabra y al llegar todos se asustaron al vernos y a verme a mí. Ninguno se atrevió a dirigirme la palabra hasta que mi tío se fue hacia su despacho.
-Buenos dí…as.

-Hola, lo siento chicos.

-No pasa nada.

-Feliz cumpleaños Lizzy.

-Gracias.

De repente el compañero de mi tío me dio una copia de un caso de asesinato, en cuanto lo abrí y vi las fotos de los cuerpos, se me callo y salí corriendo de allí, el compañero de mi tío me siguió, corrí hasta un pequeño parque, en el cual de senté en unos de los columpios y me eche a llorar, poco después note como se sentaba enfrente mía y me acariciaba el cabello.

-¿Qué te pasa?

-No es nada.

-Eso no es verdad y tú lo sabes Lizzy

-Te lo ha contado verdad.

-Si, y lo siento mucho, pero no entiendo este comportamiento.

-Las víctimas, los cuerpos, esa técnica esa es su firma.

-¿Estás segura? Esta vez lo cogeremos si realmente es él.

Me estuvo abrazando hasta que nos encontró mi tío, entonces él se aparto y mi tío me dio un caluroso abrazo, entonces me di cuenta esa devoción e incluso ese recelo que tuve por me comparaban con él de pequeña no era eso sino…

-Thump Thump. – ¿Era amor?

-Lo siento. –Dije intentando sonreír.

-Tranquila, volvamos.

Volvimos a la oficina y nos encontramos una fiesta de cumpleaños y una pancarta que ponía… FELIZ CUMPLEAÑOS LIZZY. Entonces vi como mi tío se puso rojo, me acerque viendo que tenía la guardia baja y le di un beso en una de sus mejillas coloradas, él se sorprendió. Después de la fiesta, tuvimos un aviso y nos dirigimos mi tío y yo allí, pero cuando llegamos allí no había nadie, mire al alrededor, pensando que se me pasaba algo, y así era mis ojos se posaron en un hombre que tenía un rifle que estaba apuntando hacia mi tío Marcus. Con todo el ruido de los coches no podía oír bien lo que me decía mi tío. Lo que paso después fue muy rápido, apenas llego a recordar lo que paso, solo recuerdo un gran dolor en mi estomago y los ojos azules de mi tío en lo que brotaban lágrimas, que caían y chocaban contra mis mejillas.

-¿Dónde estoy? –Pregunte desconcertada.

-¡Lizzy! –Dijo sorprendido mi tío al ver que tenía los ojos abiertos.

-Estas en el hospital aquel hombre de la azotea te disparo en el estomago. En cuanto te recuperes lo podrás interrogar tu misma si quieres.

-Eso sería genial.

En poco más de una semana me recupere con un cien por cien, hasta el médico se asombro. Cuando volvimos a la oficina todos me estaban esperando para abrazarme y alegrarse de que no me hubiera pasado nada. Entre directa sin pararme a la sala de interrogatorios donde aquel hombre estaba sentado esperándome.

-¿Sorprendido?

-¿Has sobrevivido?

-Así es, espero que no se piense que se librara de mí tan fácilmente
-Él solamente me contrato.

-No me importa, quien lo hiciera, sabes quiero que le des un mensaje de mi parte ¿Serás capaz de entregárselo? Dile que iba hacer daño a alguien a quien amo, y dile que no parare hasta que lo encuentre y lo lleve hasta la leí.
Salí de la sala y me encontré con mis compañeros a los cuales les dije que le pusiesen un chip, que lo dejasen libre y que lo rastreasen, y así lo hicieron, el hombre salió en busca del jefe y nosotros lo teníamos controlado.

-Jefe, la chica sigue viva y me ha dicho que le dijera… -No le dio más tiempo cuando llegamos y entonces le vi a él al que asesino despiadadamente a mi madre.

Mi tío y aquel hombre empezaron a pelearse y yo cogí el arma de mi tío, apuntándolo y apunto de disparar.
-Lizzy venga mátame se que lo deseas.

-¿De verdad me conoces tanto, como para saberlo?

-Claro, no te he perdido la pista.

-Lo siento pero, no soy igual que tú, no soy un miserable.

Lo detuvieron pero a la semana escapo y no lo volvimos a ver, yo sabía en el fondo que nos encontraríamos de nuevo, aparte de eso, le confesé lo que sentía a mi tío y descubrí que el también sentía lo mismo. Después de todo venir a vivir a París no ha sido un error.

Rosa Azul



Las flores del cerezo ya han caído al igual que mi aliento con tal de salvar este pequeño recuerdo del cual solo han de brotar dolor y espinas.

Cuando desperté me encontraba en una habitación oscura y fría, intente soltarme las manos pero me di cuenta que estaba atada de pies y manos, no podía deshacerme de las cuerdas cuando, al rato oí como alguien se disponía a cercarse hacia la habitación, la puerta se abrió y un hombre de ojos negros y de cabello rubio se estaba acercando cada vez más a mí y yo me encontraba cada vez más asustada.

-Al fin despiertas. –Me dijo aquel hombre con una voz entre divertida y seria.

-¿Dónde estoy? –Le pregunte con cierto temor.

-No hace falta que lo sepas eres muy curiosa para ser una mujer. –Me dijo con voz arrogante.

-No lo sabes bien. –Le dije con voz algo más segura.

-Bueno puedes estar tranquila ya te queda poco. –Contesto con una voz y un rostro diabólico.

Tanto los días como las noches pasaban, por las mañanas ayudaba a las criadas con las tareas de la mansión y por la noche aquel hombre me hacia cosas despreciables, los días iban pasando y yo cada vez estaba más cerca de conseguir mi propósito, matarlo y escapar de aquí. Mi última noche se iba acercando y me daba cuenta de que no podría estar preparada para aquella escena, él pensaba que yo solo era una rata, pero lo que esperaba era que antes de que él me comprara yo ya sabía arreglármelas. Una tarde cuando llegue a mi celda encontré una caja y al lado una nota, me acerque y la leí. (Sería mejor que esta noche en especial lucieras bien, me gustaría que usases este bonito traje, nos encontraremos esta noche en el jardín de rosas azules). Abrí el paquete y vi un bonito traje blanco, unos zapatos del mismo color que aquel vestido, me dirigí hacia las duchas de los sirvientes, me duche y cepille mi cabello azulado, me puse aquel vestido y aquellos bonitos zapatos, de repente aparecieron unas sirvientas con un par de potingues, me dieron una pequeña sombra en los ojos y un toque rojizo en los labios, cuándo terminaron se fueron y un gran suspiro salió de mi boca sabía que había llegado la hora, me dirigí hacia la cocina y allí cogí un cuchillo que lo guarde en mi liga, me dirigí hacia el gran patio de rosas azules, cuándo llegue él estaba allí esperándome con una copa de vino en la mano, y una sonrisa dulce, en ese momento me quede en shock nunca lo había visto así de amable con nadie, pero pronto volví a recordar todas las cosas que me hacia durante la noche.

-Estas preciosa, sabía que esa seria de tu talla. –Me dijo entregándome la copa de vino.

-Gracias. –Le dije con una sonrisa de niña inocente.

-Por cierto aun no se vuestro nombre. –Le pregunte.

-Soy Marcus. –Contesto sonriendo.

-Por cierto yo tampoco se vuestro nombre bella dama. –Me dijo con voz seductora.

-Milord mi nombre es Amely. –Le dije con gran diferencia.

-¿Cenamos? –Me dijo con una sonrisa diferente.

-Claro. –Conteste seriamente.

Comimos durante diez o quince minutos, estuvimos hablando y paseando por el jardín de rosas azules, cuando me di cuenta él corto una rosa y me la puso en el cabello, mientras me miraba con dulzura, pero yo sabía que solo era una tapadera, porque jamás sería así conmigo, él me tenía como su sirvientas y en las noches como su amante, sé perfectamente que si me hubiera querido hacer cualquier cosa la hubiera hecho a la fuerza así que no entendía por qué ahora tanta amabilidad, ¿Qué era lo que estaba tramando? ¿Yo sabía en el fondo que lo más probable era que me pillasen y me asesinasen pero si no lo mataba esta noche cuando lo haría? Yo solo sabía que era su vida o la mía, y tenía claro lo tenía que hacer.

-¿Por qué no lo haces ya? –Me dijo sonriendo.

-¿Hacer el que? –Le dije intentando disimular.

-¿Por qué no me matas ya? –Me dijo mirándome a los ojos.

-Estaba esperando, a que estuvieras distraído pero bueno ya que lo decís. –Le dije.

-Os prometo que no llamare a los guardias. –Me dijo con una arrogancia particular.

-Y yo os prometo que lo haré rápidamente. –Le dije con arrogancia.

Justo cuando tenía mí cuchillo en su garganta, note que había alguien detrás de mí, cuando me di la vuelta recibí un golpe en la cabeza. Después de eso no llego a recordad nada, al rato me desperté gracias a que la luna llena filtraba un rayo de luz. Gire mí cabeza y vi como se iban acercándose hacia mí, con capuchas y velas, yo no podía encontrar nada con lo que poder escapar de allí. A lo lejos empecé a ver una pequeña lucecita roja la cual cuanto más se acercaba más claro veía que era para marcarme. Con el dolor que estaba sintiendo, no pude aguantar mucho más y me desmaye al despertar, estaba en otro sitio en el fondo estaba muerta de miedo, pero no podía dejar que ellos me vieran en ese estado, así eran las cosas no podía dejar que ellos me vieran si en el caso de que me vieran así, les estaría demostrando que era débil y en el fondo yo sabía que lo era. Al rato empecé a sentir frío demasiado frío, al abrir los ojos me encontraba en medio de un gran bosque oscuro en el cual todos los arboles que observaba estaban sin hojas y muertos, cuando alce la mirada hacía uno de los arboles me di cuenta de que habían cuervo negro, me chocó porque tenía los ojos de un color rojo, tan intenso como jamás los había visto, de repente el cuervo  negro salió volando y en cuanto echó a volar empezaron a caer plumas negras, todo se volvió negro de repente y entonces le vi un hombre alto con el cabello negro largo y esos ojos rojos, cuanto más se iba acercando yo cada vez me movía más con tal de poder salir corriendo de aquella pesadilla.

-¿Quién eres? -Le pregunte seriamente.

-Un demonio. -Me dijo con una voz sarcástica.

-¿Qué quieres? -Le dije.

-¿Quiero lo mismo que tú? -Me dijo con una sonrisa demasiado diabólica.
-Venganza. -Le dije.

-Está bien, os contare las condiciones, en cuanto el trabajo haya sido realizado me daréis vuestra alma para ser devorada y enviada al mismísimo infierno. -Me dijo.

-Está bien. -Le dije.

De repente me encontré enfrente de él y empecé a sentir un dolor en el cuello, cuando el dolor disminuyó, me cogió de la cintura y entonces nuestros labios se encontraron, empezó siendo un beso tonto, pero poco a poco nuestras lenguas se iban rozando. Nuestros labios se apartaron y cuando abrí los ojos encontré a toda la sala con cuerpos desgarrados. Pensé que todo aquello fue tan solo una pesadilla, así que saque de los calabozos a los demás prisioneros que tenia Marcus allí. Después encontramos una salida donde veíamos un bosque lleno de flores y arboles en flor. A medio camino me sentía fatigada así que me senté y cuando me di la vuelta le vi ahí parado sonriéndome.

Seis meses más tarde. . .

-Reo, ha pasado tiempo desde que la reina nos aviso. –Le dije pensativa.
-Yes, my lady. –Me dijo.

Pasaban los días y no recibía ninguna carta de la reina, os preguntareis que trato puede tener una noble con la reina, pues precisamente la única persona que sabía el secreto de Reo era la reina y yo. Como la reina sabia de las habilidades de Reo decidió sin mi consentimiento hacerme su perro fiel, ella nos enviaba cartas donde nos mandaban con ellas los distintos casos, los cuales los resolvíamos con bastante facilidad. Reo entro en la habitación dejando encima de mi mesa un delicioso té negro con algún que otro pastel de fresas.

-¿Reo quiero que vengas después a mi habitación entendido? –Le dije con tono serio.

-Yes, my lady. –Me dijo sonriendo.

Al rato escuche como la puerta de mi aposento se abría y aparecía Reo con su habitual traje de mayordomo.

-Amely podría saber porque me ha hecho venir hasta sus aposentos. –Me dijo.

-Acuéstate en la cama conmigo. –Le dije.

-¿Es una orden? –Me dijo sonriendo sarcásticamente.

-No, es una rabieta. –Le dije sonriendo.

Se acostó a mi lado y entonces note como me empezaba a lamer el cuello y de repente note como me mordía suavemente la oreja, su mano me iba acariciando suavemente por todos lados y yo no podía hacer nada, ya que me sentía excitada a causa del té que me había servido anteriormente. Cuando terminamos quede rendida y dormí toda la tarde. Cuando desperté me vestí e intente durante un mes entero no encontrarme con Reo en ninguna circunstancia. A los pocos días la reina me mando una carta dándome un caso poco peculiar un asesino el cual de humano no tenia precisamente nada, se encargaba de matar o mejor dicho dejar sin energía a los demonios y la reina temía por la vida de aquellos que protege, así que nos dirigimos hacia Londres donde supuestamente estaba aquel asesino de demonios. Cuando llegamos estuvimos viendo los puestos, la verdad fue bastante molestó ya que las mozas del mercado se le quedaban mirando a Reo, admito que me sentí molesta e incluso celosa. En cuanto tuvimos las suficientes pistas pudimos encontrar el paradero de aquel asesino. Así que le pedí a Reo que hiciese de víctima o mejor dicho de cebo. Durante la tarde no pasó nada, supuse que la fiesta empezaría por la noche y no falle. De repente una niña se puso en frente de nosotros y saco unos colmillos, unas alas y cola. Estuvieron peleando durante varió rato, pero cuando el demonio vio en mi cuello el sello de Reo se dirigió a mí y justo se entrometió Reo, con su descuido aquel demonio le robo la fuerza vital, dejándolo tirado en el suelo. Me acerque a él corriendo y las lágrimas brotaban de mis ojos, así que recordé que cuando hicimos el trato él me dio un beso nunca me explico por qué, pero en ese momento. . .

-Te acuerdas cuando nos conocimos Amely? –Me pregunto.

-Sí, no hables te recuperaras. –Le dije

-Devuelveme aquel beso. –Me dijo.

-Idiota pero que dices?!

Me acerque y le di un beso tal cual me lo dio él. Al momento se levanto y volvió a la carga yo me quede impactada, ¿Cómo pudo volver a coger energía? Entonces caí cada vez que me hacia algo pervertido era solo para coger energía. En un momento me di cuenta de que alguien estaba controlándolo desde una azotea de uno de los edificios así que me dispuse y subí, cuando llegue vi a un hombre alto de pelo negro, ojos azules y que tenía una rosa azul.

-¿No te dije que volvería a por ti? –Me dijo

-¡Tú. . . no puedes ser él! –Le dije

- ¿Segura?

Empezamos a pelear, él estaba justo en el filo y se resbalo yo fui hasta allí e intente ayudarlo.

-¡Dame la mano!

-Veo que aun recuerdas como te tomaba. –Dijo sonriendo.

Por suerte logre subirlo, en cuanto se puso de pie me lanzó, mientras que estaba cayendo estuve pensando en que había sido una completa ilusa al pensar que un hombre como él podía haber cambiado, ¿Fue que yo pensaba que él había cambiado o tan solo me llegue a ver reflejada en él? Supongo que era eso lo que mi destino quería que volviese con mis padres.