Hacía diez
años que no veía a mi tío Marcus Cross, por cosas del destino me encontraba de
camino hacia París donde en la actualidad vivía. Sabía quién era, por las pocas
noticias que leía, leí que trabajaba ayudando a la policía en casos. Toda la
familia lo consideraba todo un genio, y siempre me comparaban con él. Y como
todo buen genio quien los terminaba resolviendo era él. Cuando baje del tren,
me dirigí hacia la salida, esperando poder ver a mi tío con el coche, pero al
salir vi a su compañero, me acerque pensando en la poca posibilidad de que me
reconociera, ya que en diez años me había dado tiempo de terminar de
desarrollarme. Estuve mirando hasta que me pare delante suya, me miro de abajo
a arriba, yo iba con un pantalón vaquero, una camisa que ponía kiss me y unas
botas que llevaban un par de cadenas.
-¿Sra.
Lizzy? –Pregunto algo dudoso.
-Si soy yo,
cuánto tiempo.
-Te
acompañare hasta nuestras oficinas allí estará Marcus.
-De acuerdo.
Tardamos
bastante en llegar, pero nos costó mucho más encontrar aparcamiento, pero
acabamos encontrando. Cuando entramos, me enseño su oficina pero antes de que
se marchase a traer un par de cafés con leche, en su mesa había un lápiz, en
vez de ponerlo en su sitio se preocupo más en volverlo a colocar todo de
nuevo. No sé porque pero de repente me
di cuenta.
-Obsesivo
compulsivo. –Dije concluyendo.
-Buena
observación ¿Cómo te has dado cuenta? –Me dijo una voz detrás de mí.
-Bueno a
sido bastante fácil si no fuese un obsesivo compulsivo hubiese colocado el
lápiz en el portalápices sin embargo volvió a colocarlo todo varias veces. –Le
dije sin darme la vuelta.
Cuando me
gire y lo vi me quede absorta en sus ojos azules como el océano. Él me sonrío
de una forma muy pervertida haciendo que me pusiese colorada y que bajase por
un instante la guardia, así que aprovechando la oportunidad se inclino y me dio
un dulce beso en la mejilla, en cuanto me lo dio salió hacia un despacho
cercano al del compañero de mi tío. Después de eso me quede pensativa sobre lo
que había pasado y lo que había podido tener que ver mi camisa. Al rato escuche
una voz que susurraba cerca de mi oreja.
-Que buena
primera impresión. –Me dijo aquel policía.
-¿Qué?
-Es raro que
le caiga bien alguien a Marcus.
-Ya bueno,
supongo que el ser su sobrina influye.
-¿So…sobrina?
-Así es.
–Dije intentando concluir la conversación.
Me dirigí
hacia donde se había metido aquel hombre, y cuando estuve enfrente de la puerta
leí que ponía Marcus Cross. Toque pero como no me contesto, decidí entrar con
las consecuencias que me otorgaría. Sin embargo cuando entre lo vi tan
concentrado mirando algunas fotos y pistas sobre el caso. Nunca había visto a
alguien concentrándose de aquella manera, aparte de mi claro.
-¿Te puedo
ayudar?
-No.
-Oh vamos
dame una oportunidad. –Le dije con pena.
-De acuerdo,
mira estas fotos y las pistas ahora dime tu conclusión si es igual que la mía
dejare que me ayudes en el próximo caso.
-Muy bien.
Estuve toda
la tarde y entrada la noche mirando y revisando las pruebas, fotos todo lo que
tenia. A la mañana siguiente cuando me iba a dar por vencida lo vi el único
defecto de la Gioconda de Leonardo Da Vinci. Hace un par de meses leí que
habían encontrado una Gioconda parecida a la de la de Leonardo Da Vinci, había
muchas cosas distintas una tenia cejas, un aro en la cabeza, parecía más
natural que la original e incluso el paisaje de atrás de ella era totalmente
diferente, pero había algo en la obra falsa algo que estaba en el reverso de la
verdadera. De repente pegue un salto de la sorpresa que me dio el compañero de
mi tío Marcus.
-Buenos
días. –Me dijo.
-¿Ya… ya es
de día?
-Si toma un
café con leche y un par de donuts de fresa.
-Gracias por
el café, ¿Dónde está mi tío Marcus?
-Se ha ido
hace poco a recoger un par de cosas para ti. ¿Ya lo has descubierto?
-En efecto.
Me dirigí
hacia los baños del departamento de policía y me pegue una ducha y cuando salí
vi una bolsa de H&M, me vestí, todos se me quedaron mirando, yo sabía que
la ropa no era de mi personalidad, pero tampoco quería parecer una delincuente.
Cuando volví a entrar en la oficina de mi tío, le vi ahí parado mirando las
fotos de la Gioconda.
-¿Lo has
deducido? –Preguntándome con una voz algo victoriosa.
-Si. –Le
dije algo decidida y dudosa.
-Muy bien dime
tu deducción.
-Es evidente
de que las dos obras son totalmente diferentes, pero hay una cosa en la
verdadera que la falsa no tiene, simplemente es evidente, claro para quien
tiene los ojos desarrollados como yo o tu. La diferencia es… que en la obra falsa
hay una firma parecida a la de Leonardo Da Vinci, pero ni se asoma a la
verdadera, simplemente una miserable copia, cualquiera la podría haber
confundido con una obra de algún aprendiz del mismo autor que la de verdad.
¿Qué tal lo he hecho?
-Hmp… lo has
hecho bastante bien. –Me dijo algo orgulloso aunque su voz no lo sonora.
-¡Genial!
–Grite.
-¿Cuál es
nuestro próximo caso?
-Asesinato.
Me dirigí
hacia el auto que nos llevaría a la casa de la víctima Erik Donovan, un joven
que debía dinero a varias mafias, a las cuales pertenecía, y digo pertenecía
porque estaba a punto de casarse con una joven Carla Garcia, de camino a la
casa mi tío me dio el archivo del caso, empecé a leérmelo, por mi mente pasaban
un montón de preguntas ¿Quién querría matar a un joven que hacía más de dos
años que había dejado la mafia? ¿Por qué lo harían alguna cuenta pendiente? ¿Su
prometida sabía lo que su prometido había sido? Pero todas esas preguntas no
pudieron ser respondidas antes de que pudiéramos llegar. La casa era preciosa,
espaciosa, iluminada y con un toque acogedor, pero cuando entramos mi cuerpo no
se sentía igual que los demás, me encontraba incomoda, como decirlo cuando
entras en un sitio sin haber estado allí jamás, pero en cuanto entras deseas
salir, ese tipo de sensación.
-Sra. Carla
Garcia ¿verdad?
-Si, ¿Quién
es usted?
-Soy Lizzy
Cross sobrina del famoso Marcus Cross.
-Encantada,
pasen. –Dijo algo tranquila.
-Disculpe mi
osadía, ¿Pero sabía sobre el pasado de su prometido Erik Donovan?
-Claro, o
dios como no lo podría saber me iba a casar con él.
-No se iva a casar?
-En unos
meses.
-Muchas
gracias Sra. Carla Garcia.
Salimos de
la casa y note como mi tío me iba a poner verde o eso creía hasta que me
pregunto que qué era lo que había descubierto a lo que yo respondí de que ella
mentía no se iban a casar, porque no llevaba el anillo de prometida y sobre
todo se notaba que realmente no estaba preocupada por lo que le podía haber
pasado a aquel muchacho, simplemente ella sabía cuánto dinero ganaría con el
seguro de vida de Erik Donovan en caso de que le pasase algo ella sabía
perfectamente que el dinero llegaría a la persona más intima para él, es decir,
ella. Mi tío me felicito, pero me contesto que porque pensaba que había sido
ella la que lo había matado, a lo que yo le conteste que nunca había dicho que
ella lo hiciese, simplemente contrato a alguien.
-¿Contratar
a alguien? –Dijo el compañero de Marcus
-Exacto, mi
tío y yo vimos el número que había debajo del teléfono, pero tú no pudiste,
pasaba inadvertido para los demás.
-Veo que te
fijas muy bien.
-Gracias.
Dije sonriendo.
Cuando
llegamos a casa ya era de noche y como hobbie o mejor dicho obsesión ponía las
noticias. De repente salieron en la pantalla de la televisión la palabra
NOTICIÓN, entonces la presentadora conto…
-Hoy a las 17:30, fue detenida Carla García
con su supuesto cómplice por el asesinato del joven de veinte tres años Erik
Donovan, al que la policía llevaba plena confianza, ya que había salido de
varias bandas y se estaba reformando. Eso es todo después noticias deportivas a
las 20:00 con Pablo Neruda.
Apague la
tele y me fui a dormir. Pasaban los días y resolvíamos muchos más casos sobre
asesinatos, desapariciones. Pero el caso que yo quería, en cierta manera yo
sabía que jamás llegaría hasta ese veintí y ocho de marzo, el día de mi
cumpleaños, hacia doce que mi madre fue asesinada, y diez que me obsesione por
coger al asesino. Muy poca gente sabia mi obsesión por cazarlo y entregarlo a
la policía, pero ese preciso día me levante más temprano que de lo normal, hice
un súper desayuno, huevos, beicon, una taza de té caliente y café. Mi tío se
levanto y se me quedo mirando como si estuviera loca, pero yo no le hice mucho
caso ya que siempre se despertaba de mal humor.
-Por cierto,
gracias por felicitarme.
-¿Felicitarte
por qué?
-Hmp… por
nada.
En todo el
camino a la oficina no le dirigí la palabra y al llegar todos se asustaron al
vernos y a verme a mí. Ninguno se atrevió a dirigirme la palabra hasta que mi
tío se fue hacia su despacho.
-Buenos
dí…as.
-Hola, lo
siento chicos.
-No pasa
nada.
-Feliz
cumpleaños Lizzy.
-Gracias.
De repente
el compañero de mi tío me dio una copia de un caso de asesinato, en cuanto lo
abrí y vi las fotos de los cuerpos, se me callo y salí corriendo de allí, el
compañero de mi tío me siguió, corrí hasta un pequeño parque, en el cual de
senté en unos de los columpios y me eche a llorar, poco después note como se
sentaba enfrente mía y me acariciaba el cabello.
-¿Qué te
pasa?
-No es nada.
-Eso no es
verdad y tú lo sabes Lizzy
-Te lo ha
contado verdad.
-Si, y lo
siento mucho, pero no entiendo este comportamiento.
-Las
víctimas, los cuerpos, esa técnica esa es su firma.
-¿Estás
segura? Esta vez lo cogeremos si realmente es él.
Me estuvo
abrazando hasta que nos encontró mi tío, entonces él se aparto y mi tío me dio
un caluroso abrazo, entonces me di cuenta esa devoción e incluso ese recelo que
tuve por me comparaban con él de pequeña no era eso sino…
-Thump
Thump. – ¿Era amor?
-Lo siento.
–Dije intentando sonreír.
-Tranquila,
volvamos.
Volvimos a
la oficina y nos encontramos una fiesta de cumpleaños y una pancarta que ponía…
FELIZ CUMPLEAÑOS LIZZY. Entonces vi como mi tío se puso rojo, me acerque viendo
que tenía la guardia baja y le di un beso en una de sus mejillas coloradas, él
se sorprendió. Después de la fiesta, tuvimos un aviso y nos dirigimos mi tío y
yo allí, pero cuando llegamos allí no había nadie, mire al alrededor, pensando
que se me pasaba algo, y así era mis ojos se posaron en un hombre que tenía un
rifle que estaba apuntando hacia mi tío Marcus. Con todo el ruido de los coches
no podía oír bien lo que me decía mi tío. Lo que paso después fue muy rápido,
apenas llego a recordar lo que paso, solo recuerdo un gran dolor en mi estomago
y los ojos azules de mi tío en lo que brotaban lágrimas, que caían y chocaban
contra mis mejillas.
-¿Dónde
estoy? –Pregunte desconcertada.
-¡Lizzy!
–Dijo sorprendido mi tío al ver que tenía los ojos abiertos.
-Estas en el
hospital aquel hombre de la azotea te disparo en el estomago. En cuanto te
recuperes lo podrás interrogar tu misma si quieres.
-Eso sería
genial.
En poco más
de una semana me recupere con un cien por cien, hasta el médico se asombro.
Cuando volvimos a la oficina todos me estaban esperando para abrazarme y
alegrarse de que no me hubiera pasado nada. Entre directa sin pararme a la sala
de interrogatorios donde aquel hombre estaba sentado esperándome.
-¿Sorprendido?
-¿Has
sobrevivido?
-Así es,
espero que no se piense que se librara de mí tan fácilmente
-Él
solamente me contrato.
-No me
importa, quien lo hiciera, sabes quiero que le des un mensaje de mi parte
¿Serás capaz de entregárselo? Dile que iba hacer daño a alguien a quien amo, y
dile que no parare hasta que lo encuentre y lo lleve hasta la leí.
Salí de la
sala y me encontré con mis compañeros a los cuales les dije que le pusiesen un
chip, que lo dejasen libre y que lo rastreasen, y así lo hicieron, el hombre
salió en busca del jefe y nosotros lo teníamos controlado.
-Jefe, la
chica sigue viva y me ha dicho que le dijera… -No le dio más tiempo cuando
llegamos y entonces le vi a él al que asesino despiadadamente a mi madre.
Mi tío y
aquel hombre empezaron a pelearse y yo cogí el arma de mi tío, apuntándolo y
apunto de disparar.
-Lizzy venga
mátame se que lo deseas.
-¿De verdad me
conoces tanto, como para saberlo?
-Claro, no
te he perdido la pista.
-Lo siento
pero, no soy igual que tú, no soy un miserable.
Lo
detuvieron pero a la semana escapo y no lo volvimos a ver, yo sabía en el fondo
que nos encontraríamos de nuevo, aparte de eso, le confesé lo que sentía a mi
tío y descubrí que el también sentía lo mismo. Después de todo venir a vivir a
París no ha sido un error.