viernes, 4 de enero de 2013

El Asesinato de Erik Donovan





Hacía diez años que no veía a mi tío Marcus Cross, por cosas del destino me encontraba de camino hacia París donde en la actualidad vivía. Sabía quién era, por las pocas noticias que leía, leí que trabajaba ayudando a la policía en casos. Toda la familia lo consideraba todo un genio, y siempre me comparaban con él. Y como todo buen genio quien los terminaba resolviendo era él. Cuando baje del tren, me dirigí hacia la salida, esperando poder ver a mi tío con el coche, pero al salir vi a su compañero, me acerque pensando en la poca posibilidad de que me reconociera, ya que en diez años me había dado tiempo de terminar de desarrollarme. Estuve mirando hasta que me pare delante suya, me miro de abajo a arriba, yo iba con un pantalón vaquero, una camisa que ponía kiss me y unas botas que llevaban un par de cadenas.

-¿Sra. Lizzy? –Pregunto algo dudoso.

-Si soy yo, cuánto tiempo.

-Te acompañare hasta nuestras oficinas allí estará Marcus.

-De acuerdo.

Tardamos bastante en llegar, pero nos costó mucho más encontrar aparcamiento, pero acabamos encontrando. Cuando entramos, me enseño su oficina pero antes de que se marchase a traer un par de cafés con leche, en su mesa había un lápiz, en vez de ponerlo en su sitio se preocupo más en volverlo a colocar todo de nuevo.  No sé porque pero de repente me di cuenta.

-Obsesivo compulsivo. –Dije concluyendo.

-Buena observación ¿Cómo te has dado cuenta? –Me dijo una voz detrás de mí.

-Bueno a sido bastante fácil si no fuese un obsesivo compulsivo hubiese colocado el lápiz en el portalápices sin embargo volvió a colocarlo todo varias veces. –Le dije sin darme la vuelta.

Cuando me gire y lo vi me quede absorta en sus ojos azules como el océano. Él me sonrío de una forma muy pervertida haciendo que me pusiese colorada y que bajase por un instante la guardia, así que aprovechando la oportunidad se inclino y me dio un dulce beso en la mejilla, en cuanto me lo dio salió hacia un despacho cercano al del compañero de mi tío. Después de eso me quede pensativa sobre lo que había pasado y lo que había podido tener que ver mi camisa. Al rato escuche una voz que susurraba cerca de mi oreja.

-Que buena primera impresión. –Me dijo aquel policía.

-¿Qué?
-Es raro que le caiga bien alguien a Marcus.

-Ya bueno, supongo que el ser su sobrina influye.

-¿So…sobrina?

-Así es. –Dije intentando concluir la conversación.

Me dirigí hacia donde se había metido aquel hombre, y cuando estuve enfrente de la puerta leí que ponía Marcus Cross. Toque pero como no me contesto, decidí entrar con las consecuencias que me otorgaría. Sin embargo cuando entre lo vi tan concentrado mirando algunas fotos y pistas sobre el caso. Nunca había visto a alguien concentrándose de aquella manera, aparte de mi claro.

-¿Te puedo ayudar?

-No.

-Oh vamos dame una oportunidad. –Le dije con pena.

-De acuerdo, mira estas fotos y las pistas ahora dime tu conclusión si es igual que la mía dejare que me ayudes en el próximo caso.

-Muy bien.

Estuve toda la tarde y entrada la noche mirando y revisando las pruebas, fotos todo lo que tenia. A la mañana siguiente cuando me iba a dar por vencida lo vi el único defecto de la Gioconda de Leonardo Da Vinci. Hace un par de meses leí que habían encontrado una Gioconda parecida a la de la de Leonardo Da Vinci, había muchas cosas distintas una tenia cejas, un aro en la cabeza, parecía más natural que la original e incluso el paisaje de atrás de ella era totalmente diferente, pero había algo en la obra falsa algo que estaba en el reverso de la verdadera. De repente pegue un salto de la sorpresa que me dio el compañero de mi tío Marcus.

-Buenos días. –Me dijo.

-¿Ya… ya es de día?

-Si toma un café con leche y un par de donuts de fresa.

-Gracias por el café, ¿Dónde está mi tío Marcus?

-Se ha ido hace poco a recoger un par de cosas para ti. ¿Ya lo has descubierto?

-En efecto.

Me dirigí hacia los baños del departamento de policía y me pegue una ducha y cuando salí vi una bolsa de H&M, me vestí, todos se me quedaron mirando, yo sabía que la ropa no era de mi personalidad, pero tampoco quería parecer una delincuente. Cuando volví a entrar en la oficina de mi tío, le vi ahí parado mirando las fotos de la Gioconda.

-¿Lo has deducido? –Preguntándome con una voz algo victoriosa.

-Si. –Le dije algo decidida y dudosa.

-Muy bien dime tu deducción.

-Es evidente de que las dos obras son totalmente diferentes, pero hay una cosa en la verdadera que la falsa no tiene, simplemente es evidente, claro para quien tiene los ojos desarrollados como yo o tu. La diferencia es… que en la obra falsa hay una firma parecida a la de Leonardo Da Vinci, pero ni se asoma a la verdadera, simplemente una miserable copia, cualquiera la podría haber confundido con una obra de algún aprendiz del mismo autor que la de verdad. ¿Qué tal lo he hecho?

-Hmp… lo has hecho bastante bien. –Me dijo algo orgulloso aunque su voz no lo sonora.

-¡Genial! –Grite.

-¿Cuál es nuestro próximo caso?

-Asesinato.

Me dirigí hacia el auto que nos llevaría a la casa de la víctima Erik Donovan, un joven que debía dinero a varias mafias, a las cuales pertenecía, y digo pertenecía porque estaba a punto de casarse con una joven Carla Garcia, de camino a la casa mi tío me dio el archivo del caso, empecé a leérmelo, por mi mente pasaban un montón de preguntas ¿Quién querría matar a un joven que hacía más de dos años que había dejado la mafia? ¿Por qué lo harían alguna cuenta pendiente? ¿Su prometida sabía lo que su prometido había sido? Pero todas esas preguntas no pudieron ser respondidas antes de que pudiéramos llegar. La casa era preciosa, espaciosa, iluminada y con un toque acogedor, pero cuando entramos mi cuerpo no se sentía igual que los demás, me encontraba incomoda, como decirlo cuando entras en un sitio sin haber estado allí jamás, pero en cuanto entras deseas salir, ese tipo de sensación.

-Sra. Carla Garcia ¿verdad?

-Si, ¿Quién es usted?
-Soy Lizzy Cross sobrina del famoso Marcus Cross.

-Encantada, pasen. –Dijo algo tranquila.

-Disculpe mi osadía, ¿Pero sabía sobre el pasado de su prometido Erik Donovan?

-Claro, o dios como no lo podría saber me iba a casar con él.
-No se iva a casar?

-En unos meses.

-Muchas gracias Sra. Carla Garcia.

Salimos de la casa y note como mi tío me iba a poner verde o eso creía hasta que me pregunto que qué era lo que había descubierto a lo que yo respondí de que ella mentía no se iban a casar, porque no llevaba el anillo de prometida y sobre todo se notaba que realmente no estaba preocupada por lo que le podía haber pasado a aquel muchacho, simplemente ella sabía cuánto dinero ganaría con el seguro de vida de Erik Donovan en caso de que le pasase algo ella sabía perfectamente que el dinero llegaría a la persona más intima para él, es decir, ella. Mi tío me felicito, pero me contesto que porque pensaba que había sido ella la que lo había matado, a lo que yo le conteste que nunca había dicho que ella lo hiciese, simplemente contrato a alguien.

-¿Contratar a alguien? –Dijo el compañero de Marcus

-Exacto, mi tío y yo vimos el número que había debajo del teléfono, pero tú no pudiste, pasaba inadvertido para los demás.

-Veo que te fijas muy bien.

-Gracias. Dije sonriendo.

Cuando llegamos a casa ya era de noche y como hobbie o mejor dicho obsesión ponía las noticias. De repente salieron en la pantalla de la televisión la palabra NOTICIÓN, entonces la presentadora conto…
-Hoy a las 17:30, fue detenida Carla García con su supuesto cómplice por el asesinato del joven de veinte tres años Erik Donovan, al que la policía llevaba plena confianza, ya que había salido de varias bandas y se estaba reformando. Eso es todo después noticias deportivas a las 20:00 con Pablo Neruda.
Apague la tele y me fui a dormir. Pasaban los días y resolvíamos muchos más casos sobre asesinatos, desapariciones. Pero el caso que yo quería, en cierta manera yo sabía que jamás llegaría hasta ese veintí y ocho de marzo, el día de mi cumpleaños, hacia doce que mi madre fue asesinada, y diez que me obsesione por coger al asesino. Muy poca gente sabia mi obsesión por cazarlo y entregarlo a la policía, pero ese preciso día me levante más temprano que de lo normal, hice un súper desayuno, huevos, beicon, una taza de té caliente y café. Mi tío se levanto y se me quedo mirando como si estuviera loca, pero yo no le hice mucho caso ya que siempre se despertaba de mal humor.

-Por cierto, gracias por felicitarme.

-¿Felicitarte por qué?

-Hmp… por nada.

En todo el camino a la oficina no le dirigí la palabra y al llegar todos se asustaron al vernos y a verme a mí. Ninguno se atrevió a dirigirme la palabra hasta que mi tío se fue hacia su despacho.
-Buenos dí…as.

-Hola, lo siento chicos.

-No pasa nada.

-Feliz cumpleaños Lizzy.

-Gracias.

De repente el compañero de mi tío me dio una copia de un caso de asesinato, en cuanto lo abrí y vi las fotos de los cuerpos, se me callo y salí corriendo de allí, el compañero de mi tío me siguió, corrí hasta un pequeño parque, en el cual de senté en unos de los columpios y me eche a llorar, poco después note como se sentaba enfrente mía y me acariciaba el cabello.

-¿Qué te pasa?

-No es nada.

-Eso no es verdad y tú lo sabes Lizzy

-Te lo ha contado verdad.

-Si, y lo siento mucho, pero no entiendo este comportamiento.

-Las víctimas, los cuerpos, esa técnica esa es su firma.

-¿Estás segura? Esta vez lo cogeremos si realmente es él.

Me estuvo abrazando hasta que nos encontró mi tío, entonces él se aparto y mi tío me dio un caluroso abrazo, entonces me di cuenta esa devoción e incluso ese recelo que tuve por me comparaban con él de pequeña no era eso sino…

-Thump Thump. – ¿Era amor?

-Lo siento. –Dije intentando sonreír.

-Tranquila, volvamos.

Volvimos a la oficina y nos encontramos una fiesta de cumpleaños y una pancarta que ponía… FELIZ CUMPLEAÑOS LIZZY. Entonces vi como mi tío se puso rojo, me acerque viendo que tenía la guardia baja y le di un beso en una de sus mejillas coloradas, él se sorprendió. Después de la fiesta, tuvimos un aviso y nos dirigimos mi tío y yo allí, pero cuando llegamos allí no había nadie, mire al alrededor, pensando que se me pasaba algo, y así era mis ojos se posaron en un hombre que tenía un rifle que estaba apuntando hacia mi tío Marcus. Con todo el ruido de los coches no podía oír bien lo que me decía mi tío. Lo que paso después fue muy rápido, apenas llego a recordar lo que paso, solo recuerdo un gran dolor en mi estomago y los ojos azules de mi tío en lo que brotaban lágrimas, que caían y chocaban contra mis mejillas.

-¿Dónde estoy? –Pregunte desconcertada.

-¡Lizzy! –Dijo sorprendido mi tío al ver que tenía los ojos abiertos.

-Estas en el hospital aquel hombre de la azotea te disparo en el estomago. En cuanto te recuperes lo podrás interrogar tu misma si quieres.

-Eso sería genial.

En poco más de una semana me recupere con un cien por cien, hasta el médico se asombro. Cuando volvimos a la oficina todos me estaban esperando para abrazarme y alegrarse de que no me hubiera pasado nada. Entre directa sin pararme a la sala de interrogatorios donde aquel hombre estaba sentado esperándome.

-¿Sorprendido?

-¿Has sobrevivido?

-Así es, espero que no se piense que se librara de mí tan fácilmente
-Él solamente me contrato.

-No me importa, quien lo hiciera, sabes quiero que le des un mensaje de mi parte ¿Serás capaz de entregárselo? Dile que iba hacer daño a alguien a quien amo, y dile que no parare hasta que lo encuentre y lo lleve hasta la leí.
Salí de la sala y me encontré con mis compañeros a los cuales les dije que le pusiesen un chip, que lo dejasen libre y que lo rastreasen, y así lo hicieron, el hombre salió en busca del jefe y nosotros lo teníamos controlado.

-Jefe, la chica sigue viva y me ha dicho que le dijera… -No le dio más tiempo cuando llegamos y entonces le vi a él al que asesino despiadadamente a mi madre.

Mi tío y aquel hombre empezaron a pelearse y yo cogí el arma de mi tío, apuntándolo y apunto de disparar.
-Lizzy venga mátame se que lo deseas.

-¿De verdad me conoces tanto, como para saberlo?

-Claro, no te he perdido la pista.

-Lo siento pero, no soy igual que tú, no soy un miserable.

Lo detuvieron pero a la semana escapo y no lo volvimos a ver, yo sabía en el fondo que nos encontraríamos de nuevo, aparte de eso, le confesé lo que sentía a mi tío y descubrí que el también sentía lo mismo. Después de todo venir a vivir a París no ha sido un error.

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