Una leyenda relata a una hermosa mujer que al estallar la guerra perdió a la persona que mas amaba,pues él debía partir con el resto de su pelotón para ayudar con esa batalla, la mujer pasaba la gran parte de su tiempo sentada en un viejo banco de madera situado en la punta de el puerto, con la vana esperanza de poder dislumbrarlo a la lejanía y verlo atracar de nuevo, aunque la gente del pueblo muchas veces la aconsejaba de no seguir esperando un regreso que jamas ocurriría, muchos la criticaban e incluso ponían el juicio de la joven, pero ella era decidida y recelosa ante la idea de terminar aceptando que aquel navío no pondría anclas de nuevo, aun luchando todos los días contra sus dudas, miedos e incluso comentarios externos ella caminaba hasta el gran puerto donde se sentaba mirando el horizonte, así fue pasando el tiempo y con el su juventud aun así ella sin duda alguna en su corazón siguió esperándolo, una mañana de las que las gotas del rocío por el frío de la noche bañan las calles, la joven camino hasta aquel banco de madera carcomido y desgastado por el tiempo con aquel vestido blanco que hubiera sido con el que hubiera contraído matrimonio de no ser por aquella guerra que aunque termino un par de años mas tarde de la partida de su amado nunca obtuvo respuesta de los superiores de este sobre el paradero de él o de su cuerpo, se sentó como había echo durante tanto tiempo y con los primeros rayos del sol en la lejanía del océano sus ojos fueron cerrándose para no volver a abrirlos.