Las flores del cerezo ya han caído al igual que mi aliento
con tal de salvar este pequeño recuerdo del cual solo han de brotar dolor y
espinas.
Cuando desperté me encontraba en una habitación oscura y
fría, intente soltarme las manos pero me di cuenta que estaba atada de pies y
manos, no podía deshacerme de las cuerdas cuando, al rato oí como alguien se
disponía a cercarse hacia la habitación, la puerta se abrió y un hombre de ojos
negros y de cabello rubio se estaba acercando cada vez más a mí y yo me
encontraba cada vez más asustada.
-Al fin despiertas. –Me dijo aquel hombre con una voz entre
divertida y seria.
-¿Dónde estoy? –Le pregunte con cierto temor.
-No hace falta que lo sepas eres muy curiosa para ser una
mujer. –Me dijo con voz arrogante.
-No lo sabes bien. –Le dije con voz algo más segura.
-Bueno puedes estar tranquila ya te queda poco. –Contesto con
una voz y un rostro diabólico.
Tanto los días como las noches pasaban, por las mañanas
ayudaba a las criadas con las tareas de la mansión y por la noche aquel hombre
me hacia cosas despreciables, los días iban pasando y yo cada vez estaba más
cerca de conseguir mi propósito, matarlo y escapar de aquí. Mi última noche se
iba acercando y me daba cuenta de que no podría estar preparada para aquella
escena, él pensaba que yo solo era una rata, pero lo que esperaba era que antes
de que él me comprara yo ya sabía arreglármelas. Una tarde cuando llegue a mi
celda encontré una caja y al lado una nota, me acerque y la leí. (Sería mejor que esta noche en especial
lucieras bien, me gustaría que usases este bonito traje, nos encontraremos esta
noche en el jardín de rosas azules). Abrí el paquete y vi un bonito traje
blanco, unos zapatos del mismo color que aquel vestido, me dirigí hacia las
duchas de los sirvientes, me duche y cepille mi cabello azulado, me puse aquel
vestido y aquellos bonitos zapatos, de repente aparecieron unas sirvientas con
un par de potingues, me dieron una pequeña sombra en los ojos y un toque rojizo
en los labios, cuándo terminaron se fueron y un gran suspiro salió de mi boca sabía
que había llegado la hora, me dirigí hacia la cocina y allí cogí un cuchillo
que lo guarde en mi liga, me dirigí hacia el gran patio de rosas azules, cuándo
llegue él estaba allí esperándome con una copa de vino en la mano, y una
sonrisa dulce, en ese momento me quede en shock nunca lo había visto así de
amable con nadie, pero pronto volví a recordar todas las cosas que me hacia
durante la noche.
-Estas preciosa, sabía que esa seria de tu talla. –Me dijo
entregándome la copa de vino.
-Gracias. –Le dije con una sonrisa de niña inocente.
-Por cierto aun no se vuestro nombre. –Le pregunte.
-Soy Marcus. –Contesto sonriendo.
-Por cierto yo tampoco se vuestro nombre bella dama. –Me dijo
con voz seductora.
-Milord mi nombre es Amely. –Le dije con gran diferencia.
-¿Cenamos? –Me dijo con una sonrisa diferente.
-Claro. –Conteste seriamente.
Comimos durante diez o quince minutos, estuvimos hablando y
paseando por el jardín de rosas azules, cuando me di cuenta él corto una rosa y
me la puso en el cabello, mientras me miraba con dulzura, pero yo sabía que
solo era una tapadera, porque jamás sería así conmigo, él me tenía como su
sirvientas y en las noches como su amante, sé perfectamente que si me hubiera
querido hacer cualquier cosa la hubiera hecho a la fuerza así que no entendía
por qué ahora tanta amabilidad, ¿Qué era
lo que estaba tramando? ¿Yo sabía en el fondo que lo más probable era que me
pillasen y me asesinasen pero si no lo mataba esta noche cuando lo haría?
Yo solo sabía que era su vida o la mía, y tenía claro lo tenía que hacer.
-¿Por qué no lo haces ya? –Me dijo sonriendo.
-¿Hacer el que? –Le dije intentando disimular.
-¿Por qué no me matas ya? –Me dijo mirándome a los ojos.
-Estaba esperando, a que estuvieras distraído pero bueno ya
que lo decís. –Le dije.
-Os prometo que no llamare a los guardias. –Me dijo con una
arrogancia particular.
-Y yo os prometo que lo haré rápidamente. –Le dije con
arrogancia.
Justo cuando tenía mí cuchillo en su garganta, note que
había alguien detrás de mí, cuando me di la vuelta recibí un golpe en la
cabeza. Después de eso no llego a recordad nada, al rato me desperté gracias a
que la luna llena filtraba un rayo de luz. Gire mí cabeza y vi como se iban
acercándose hacia mí, con capuchas y velas, yo no podía encontrar nada con lo
que poder escapar de allí. A lo lejos empecé a ver una pequeña lucecita roja la
cual cuanto más se acercaba más claro veía que era para marcarme. Con el dolor
que estaba sintiendo, no pude aguantar mucho más y me desmaye al despertar,
estaba en otro sitio en el fondo estaba muerta de miedo, pero no podía dejar
que ellos me vieran en ese estado, así eran las cosas no podía dejar que ellos
me vieran si en el caso de que me vieran así, les estaría demostrando que era
débil y en el fondo yo sabía que lo era. Al rato empecé a sentir frío demasiado
frío, al abrir los ojos me encontraba en medio de un gran bosque oscuro en el
cual todos los arboles que observaba estaban sin hojas y muertos, cuando alce
la mirada hacía uno de los arboles me di cuenta de que habían cuervo negro, me
chocó porque tenía los ojos de un color rojo, tan intenso como jamás los había
visto, de repente el cuervo negro salió
volando y en cuanto echó a volar empezaron a caer plumas negras, todo se volvió
negro de repente y entonces le vi un hombre alto con el cabello negro largo y esos
ojos rojos, cuanto más se iba acercando yo cada vez me movía más con tal de
poder salir corriendo de aquella pesadilla.
-¿Quién eres? -Le pregunte seriamente.
-Un demonio. -Me dijo con una voz sarcástica.
-¿Qué quieres? -Le dije.
-¿Quiero lo mismo que tú? -Me dijo con una sonrisa demasiado
diabólica.
-Venganza. -Le dije.
-Está bien, os contare las condiciones, en cuanto el trabajo
haya sido realizado me daréis vuestra alma para ser devorada y enviada al mismísimo
infierno. -Me dijo.
-Está bien. -Le dije.
De repente me encontré enfrente de él y empecé a sentir un
dolor en el cuello, cuando el dolor disminuyó, me cogió de la cintura y
entonces nuestros labios se encontraron, empezó siendo un beso tonto, pero poco
a poco nuestras lenguas se iban rozando. Nuestros labios se apartaron y cuando
abrí los ojos encontré a toda la sala con cuerpos desgarrados. Pensé que todo
aquello fue tan solo una pesadilla, así que saque de los calabozos a los demás
prisioneros que tenia Marcus allí. Después encontramos una salida donde veíamos
un bosque lleno de flores y arboles en flor. A medio camino me sentía fatigada
así que me senté y cuando me di la vuelta le vi ahí parado sonriéndome.
Seis meses más tarde. . .
-Reo, ha pasado tiempo desde que la reina nos aviso. –Le
dije pensativa.
-Yes, my
lady. –Me dijo.
Pasaban los días y no recibía ninguna carta de la reina, os
preguntareis que trato puede tener una noble con la reina, pues precisamente la
única persona que sabía el secreto de Reo era la reina y yo. Como la reina
sabia de las habilidades de Reo decidió sin mi consentimiento hacerme su perro
fiel, ella nos enviaba cartas donde nos mandaban con ellas los distintos casos,
los cuales los resolvíamos con bastante facilidad. Reo entro en la habitación
dejando encima de mi mesa un delicioso té negro con algún que otro pastel de
fresas.
-¿Reo quiero que vengas después a mi habitación entendido?
–Le dije con tono serio.
-Yes, my lady. –Me dijo sonriendo.
Al rato escuche como la puerta de mi aposento se abría y aparecía
Reo con su habitual traje de mayordomo.
-Amely podría saber porque me ha hecho venir hasta sus
aposentos. –Me dijo.
-Acuéstate en la cama conmigo. –Le dije.
-¿Es una orden? –Me dijo sonriendo sarcásticamente.
-No, es una rabieta. –Le dije sonriendo.
Se acostó a mi lado y entonces note como me empezaba a lamer
el cuello y de repente note como me mordía suavemente la oreja, su mano me iba
acariciando suavemente por todos lados y yo no podía hacer nada, ya que me
sentía excitada a causa del té que me había servido anteriormente. Cuando
terminamos quede rendida y dormí toda la tarde. Cuando desperté me vestí e
intente durante un mes entero no encontrarme con Reo en ninguna circunstancia.
A los pocos días la reina me mando una carta dándome un caso poco peculiar un
asesino el cual de humano no tenia precisamente nada, se encargaba de matar o
mejor dicho dejar sin energía a los demonios y la reina temía por la vida de
aquellos que protege, así que nos dirigimos hacia Londres donde supuestamente
estaba aquel asesino de demonios. Cuando llegamos estuvimos viendo los puestos,
la verdad fue bastante molestó ya que las mozas del mercado se le quedaban
mirando a Reo, admito que me sentí molesta e incluso celosa. En cuanto tuvimos
las suficientes pistas pudimos encontrar el paradero de aquel asesino. Así que
le pedí a Reo que hiciese de víctima o mejor dicho de cebo. Durante la tarde no
pasó nada, supuse que la fiesta empezaría por la noche y no falle. De repente
una niña se puso en frente de nosotros y saco unos colmillos, unas alas y cola.
Estuvieron peleando durante varió rato, pero cuando el demonio vio en mi cuello
el sello de Reo se dirigió a mí y justo se entrometió Reo, con su descuido
aquel demonio le robo la fuerza vital, dejándolo tirado en el suelo. Me acerque
a él corriendo y las lágrimas brotaban de mis ojos, así que recordé que cuando
hicimos el trato él me dio un beso nunca me explico por qué, pero en ese momento.
. .
-Te acuerdas cuando nos conocimos Amely? –Me pregunto.
-Sí, no hables te recuperaras. –Le dije
-Devuelveme aquel beso. –Me dijo.
-Idiota pero que dices?!
Me acerque y le di un beso tal cual me lo dio él. Al momento
se levanto y volvió a la carga yo me quede impactada, ¿Cómo pudo volver a coger
energía? Entonces caí cada vez que me hacia algo pervertido era solo
para coger energía. En un momento me di cuenta de que alguien estaba
controlándolo desde una azotea de uno de los edificios así que me dispuse y subí,
cuando llegue vi a un hombre alto de pelo negro, ojos azules y que tenía una
rosa azul.
-¿No te dije que volvería a por ti? –Me dijo
-¡Tú. . . no puedes ser él! –Le dije
- ¿Segura?
Empezamos a pelear, él estaba justo en el filo y se resbalo
yo fui hasta allí e intente ayudarlo.
-¡Dame la mano!
-Veo que aun recuerdas como te tomaba. –Dijo sonriendo.
Por suerte logre subirlo, en cuanto se puso de pie me lanzó,
mientras que estaba cayendo estuve pensando en que había sido una completa
ilusa al pensar que un hombre como él podía haber cambiado, ¿Fue que yo pensaba
que él había cambiado o tan solo me llegue a ver reflejada en él? Supongo que
era eso lo que mi destino quería que volviese con mis padres.
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